Bendita (y efectiva) diplomacia | El Tiempo | Por: Juan José Quintana Aranguren, embajador en La Haya; Alejandro Borda, embajador en Montevideo, y Jaime Girón, embajador en Moscú

12/07/2015
Columna Embajadores de Colombia en La Haya, Montevideo y Moscú

 

Bendita (y efectiva) diplomacia
La diplomacia está llamada a seguir siendo nuestra primera línea de defensa

Juan José Quintana Aranguren, embajador en La Haya
Alejandro Borda, embajador en Montevideo
Jaime Girón, embajador en Moscú.

No deben tomarse a la ligera los cuestionamientos que por estos días se han esgrimido acerca de la diplomacia. Llama a profunda preocupación que, ante coyunturas tan delicadas como las que se han presentado con algunos de nuestros vecinos, se la tilde de “bendita” en ese sentido tan nuestro (no exento de paradoja), de “despreciable”, de “insistente a pesar de su probada futilidad”.

Curiosa forma de demeritar una actividad que a lo largo de la historia ha probado ser eficaz herramienta de relacionamiento entre las naciones. ¿Infalible herramienta? Afirmarlo sería desconocer igualmente la historia universal, que siempre se ha visto impregnada de sangre derramada por el flagelo de la guerra, y la preeminencia de la fuerza y la barbarie.

Kofi Annan dijo en alguna ocasión que si es verdad que la guerra es el fracaso de la diplomacia, entonces la diplomacia es nuestra primera línea de defensa. El episodio con Venezuela muestra con claridad cuán fundamental es esa línea para un país como el nuestro, que siempre se ha enorgullecido de privilegiar el diálogo y la negociación.

En una acción diplomática emprendida con el tacto requerido y con toda la firmeza del caso, el Gobierno colombiano obtuvo importantes victorias. En el plano táctico, logró la derogación del decreto y el reconocimiento por Venezuela de que esa medida no tiene influencia alguna sobre la delimitación marítima pendiente. Y en el plano estratégico, la reactivación de mecanismos bilaterales de diálogo para dirimir una controversia cuya solución ha eludido a los dos países por muchos años.

Un rasgo de este incidente que llama la atención es que mientras comentaristas en Venezuela aplaudían la mesura y prudencia mostrada por Colombia –de lección magistral de diplomacia la calificó algún columnista del vecino país–, la prensa en Colombia se apresuró a criticar al Gobierno del presidente Santos. Se lo criticó primero por demorarse en reaccionar frente a la “afrenta” representada en la expedición del decreto y luego por haber tenido una reacción muy débil frente a una actuación que se calificó de abusiva e ilegal.

Incluso, luego de que Venezuela acogió las preocupaciones colombianas, derogó el decreto y nos otorgó en forma oficial unas seguridades que constituyen otras tantas salvaguardias a nuestra posición tradicional en cuanto al curso de la frontera marítima en el golfo de Coquivacoa, no ha faltado quien siga afirmando que nuestra Canciller es una ingenua y que el Gobierno se equivoca al creer que Venezuela ha abandonado sus pretensiones de imponernos un límite en forma unilateral y que la “bendita diplomacia” ha sido suficiente para lograr esto.

Esas impresiones son fundamentalmente erróneas. La Cancillería se tomó unos días en producir una nota de protesta, es cierto, pero ese tiempo fue utilizado para analizar con el detenimiento requerido el decreto y sus implicaciones reales. El resultado obtenido demuestra que la gestión fue todo lo firme que debía haber sido.

Con el nuevo decreto, la situación jurídica de las aguas en el golfo es la misma que existía antes del primer decreto; en términos jurídicos, no ha habido modificación del statu quo ante.

Adicionalmente, la comparación que se ha intentado hacer con el caso de Guyana y el manejo que ese país dio a la situación generada por el primer decreto es, a nuestro juicio, totalmente improcedente: se trata de controversias diferentes que responden a dinámicas distintas y no admiten comparación.

Por ello, no se deben ignorar las bondades de la diplomacia, la validez y la necesidad de observar el derecho internacional, sus aportes al entendimiento y a la coexistencia entre los pueblos y naciones, sus esfuerzos y contribuciones a la paz y su clara identidad como símbolo y ejemplo del avance de la civilización.

La diplomacia está llamada a seguir siendo nuestra primera línea de defensa. Damos gracias porque, aparte de bendita, sigue siendo efectiva.

Tomado de El Tiempo, domingo 12 de julio de 2015.

Vea la nota en el siguiente link: http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/bendita-y-efectiva-diplomaci...

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